martes, marzo 28, 2006

Extracto de vuelta a empezar

Otro mundo


Bajando insomnio y rieles nauseabundos

En las corcheras de mi retina pincho márgenes de caras,

Las dibujo con la mano mientras me gritan que no,

Que no lo haga,

Que despierte al entusiasmo de un golpe de sien,

Y no se me ocurre la manera más próxima de inventarme otro mundo de caras,

más jóvenes más bellas, con más sentido.




***Jamás seré nada.



Verbo: pensar

Pienso pensamos pensemos, concepciones conjuradas de un mismo verbo.

Digresiones del espacio que evitan el mal sin remedio.

Hubo un tiempo en el Hombre, que funcionaba al revés.

Soy la tirita del miedo, y por ello actúo.

sábado, febrero 11, 2006

Asi empezo todo (sin tildes)
besugo
Pablo y la facultad
desyuno
ventana
matrix 1
matrix reloaded
PONG
otra
sombra
kills 2
gotas
subirse por las paredes
Trufa D.E.P.
Lanzarote
portaaviones
espada rota
atardecer invernal
Niebla en el infierno
clavel espacial
Desde mi ventana
two
end
one

Tres poemas para Kevin Ayers

Mientras me mira

En la importancia de creer contrafabulando
hay apócopes famélicos y niños que se suicidan,
nuestro mar, con sus olas y sus luces y sus aconteceres,
de puestas de sol que son muchedumbres
o discrepancias entre olas, por el espacio de un hueco,
por donde el líquido se derrama
y se mancha el ombligo, pintando la cama,
-y la cara-, de un rojo de sangre hediondo
que es el imposible de limpiar de mi conciencia
Y desdibuja su cara colocando lápidas,
y se sienta en el resquicio del ciprés,
y siempre está muerto cuando lo hace,
mientras me mira.


Las ratas

Cuando le sujetaba el bastón había ratas,
y luego se fueron para jugar más lejos, sin miedo de nada,
sin ese temor de las ratas a que les perturben el sueño,
y salían simpáticas cruces que eran sombras espaciales,
y no tenían sentido más que para mí, que era el chico especial,
porque su pleura hacía ¡fff! ¡fff!, y nada decía ya,
sólo incomprensibles palabras, cortesía de clase.
Sujetando el compás cedía en los requiebros,
que el viejo al caminar, hacía mientras pisaba
la vida de los ratones que, mediada la tarde,
echaban la partida en el bar de la ignorancia.


A Jaime Gil de Biedma

Ante mí, aún virgen e imperfecto, un volumen no abierto
de la sutil poesía del señor Gil de Biedma,
un Jaime entrecortado entre la página del día y el Madrid imperpetuo,
que entre lamento y lamento cantaba trompe l’oeil
y luego posaba el lápiz sobre el espacio sin tiempo,
que la poesía dicen es el manjar del cadáver,
pero por boca de Milton o Goethe, que son perestroikas muertas en lenguas capitales.
Y los pecados de Dios, sus bichas.

Cenando hijos

Tenía una simple manera de hablar,
cuando lo hacía se pronunciaba, y entonces dejabas de ser,
te distraías de ti, y los objetos cantaban himnos.
Los postres los engullía con mortal delicadeza,
era su forma de decirme Tienes razón querido amigo
En caso contrario, hubiese hablado
y yo ahora estaría muerto porque ante sus palabras,
mis babas no tienen efecto.

viernes, enero 13, 2006

humo
Cena de nochevieja 2005-2006
Panoramica desde mi habitacion (zoom)
Puente de la Constitucion. Santander.
Fotomuerte
El sex(t)o sentido
Te odio por la ma�ana
A que acojona
Mu�eco diabolico. Infancia violeNta
Gusiluz
Si, entramos
Violeta y Ainhoa...
Alberto y Violeta. Finales de octubre. Espiral pop
Octubre 2005.Volvimos a Santander, haciendo aquaplanning
Del Pilar en Madrid, con los fisicos exiliados.
Yann Tiersen. Madrid. 11 octubre 2005. El concierto mas emotivo que he vivido.
Si os fijais se ve hasta el segundo arcoiris

EN EL CASI...

En el casi de todas las mañanas me precipito,
me divorcio de mí, te doy la mano,
cazo insignias, muero barcos,
y son ásperos los días del desamparo.

Versificas con la media de la punta en cada brazo,
contraatacas dimorfismos y te inventas estertores,
para después de reírte, sentarte con parsimonia;
y mostrarte yo después
lo que yo pienso que eres, en el sentido profundo.

No farfullan las ventanas,
silencios para las bocas que buscan la imitación, croando.
Chaquetas de dos botones, siempre abrochados.
Y así, tú me disparas con los ojos;
y sigo sin entender el negro de tus pupilas.

En el casi de los días a veces cabe mi mano,
a veces caben tus pechos que, circunvalados,
son mi autopista de verte,
dentro de un lugar que contiene tus vocablos.


Sea la prosopopeya el mapa de la llegada.




* Para tí fue éste mi mejor poema. Pido perdón porque no lo sea.

miércoles, diciembre 28, 2005

Siempre quedará en blanco

Gerundio de mitificar: truculento.

Palabra ingrávida: luna

Atemperado con hielo: frío

Redistribución del hueco: luz, masa, energía, ...

Apócope. Bramar. Crápula. Desinencia. Elucubración. Fulereno. Guijarro. Hidra. Juntura. Kárstico. Lúgubre. Lloraduelos. Maremotriz. Negligencia. Ñandú. Opíparo. Plomizo. Quasar. Rezagado. Sinclinal. Tejemaneje. Ubérrimo. V _ _ _ _. Wolframio. Xilográfia. Yedra. Zarzaparrilla.

173 + 405 + 466 + 162 = 1206

173.

[…]
Aprendí en los sueños a coronar de imágenes las frentes de lo cotidiano, a decir lo común con extrañeza, lo sencillo con derivaciones, a dorar, con un sol de artificio, los rincones y los muebles muertos y a poner música, como para arrullarme cuando las escribo, a las frases fluidas de mi fijación.
405.

La vida, para la mayoría de los hombres, es un fastidio acontecido sin darse cuenta, una cosa triste compuesta de pausas alegres, algo así como los momentos de intercambio de chistes que cuentan los que velan los muertos, para pasar la calma de la noche y la obligación del velatorio. Siempre encontré fútil considerar la vida como un valle de lágrimas, sí, pero donde raras veces se llora. Decía Heine que, después de las grandes tragedias, acabamos siempre por sonarnos. Como judío, y por lo tanto universal, vio con claridad la naturaleza universal de la humanidad.
La vida sería insoportable si tuviéramos conciencia de ella. Felizmente no lo hacemos. Vivimos con la misma inconsciencia que los animales, del mismo modo fútil e inútil, y si presentimos la muerte, que es de suponer, sin que tenga por ello que ser cierto, que ellos no presienten, la presentimos a través de tantos olvidos, de tantas distracciones y desvíos, que casi no podemos decir que pensemos en ella.
Así vivimos, y eso es muy poco para que podamos juzgarnos superiores a los animales. Nuestra diferencia con ellos consiste en el pormenor puramente externo de hablar o de escribir, de tener inteligencia abstracta para sustraernos a tenerla concreta, y de imaginar cosas imposibles. Todo eso, sin embargo, no son más que accidentes de nuestro organismo fundamental. El hablar y el escribir nada aportan de nuevo a nuestro instinto primordial de vivir sin saber cómo. Nuestra inteligencia abstracta no sirve sino para construir sistemas, o ideas medio-sistemas, de lo que en los animales significa sólo estar al sol. Nuestra imaginación de lo imposible quizás no sea exclusivamente nuestra, que yo ya he visto gatos mirando a la luna, y no sé si no la pretendían.
Todo el mundo, toda la vida, es un vasto sistema de inconsciencias operando a través de conciencias individuales. Así como con dos gases, haciendo pasar a través de ellos una corriente eléctrica, se puede hacer un líquido, así con dos conciencias –la de nuestro ser concreto y la de nuestro ser abstracto– se hace, pasando a través de ellas la vida y el mundo, una inconsciencia superior.
Feliz, pues, quien no piensa, porque cumple por instinto y por destino orgánico lo que todos nosotros tenemos que cumplir por desvío y por destino inorgánico o social. Feliz aquel que más se asemeja a los brutos, porque es sin esfuerzo lo que todos nosotros somos gracias a un trabajo impuesto; porque sabe el camino a casa, que los demás no encontramos sino por atajos de ficción y de regresos; porque, enraizado como un árbol, forma parte del paisaje y por tanto de la belleza, y no, como nosotros, mitos de paso, figurantes en traje vivo de la inutilidad y del olvido.
466.

El hombre no debe poder ver su propia cara. Eso es lo más terrible de todo. La Naturaleza le dio el don de no poderla ver, como también el de no poder mirar sus propios ojos.
Sólo en el agua de los ríos y de los lagos podía él contemplar su rostro. Pero hasta la postura que había de adoptar era simbólica. Tenía que curvarse, inclinarse para cometer la ignominia de verse.
El inventor del espejo envenenó el alma de los hombres.
162.

Todo lo que de desagradable nos sucede en la vida –papeles ridículos que hacemos, malos gestos que tenemos, lapsos en que caemos en cualquiera de las virtudes– debe ser considerado como mero accidente externo, incapaz de alcanzar la sustancia del alma. Lo sintamos como un dolor de muelas o callos de la vida, es algo que nos incomoda, pero es exterior a nosotros aunque sea nuestro, que sólo tiene que presuponer nuestra existencia orgánica o preocupar a lo que hay de vital en nosotros.
Cuando alcanzamos esa actitud, que es, aunque de otro modo, la de los místicos, estamos protegidos no sólo del mundo sino de nosotros mismos, pues vencemos lo que es exterior a nosotros, otra cosa, lo contrario de nosotros y por esa razón nuestro enemigo.
Dijo Horacio, hablando del varón justo, dijera que se mantendría impávido aunque a su alrededor el mundo se viniera abajo. La imagen es absurda, mas su sentido justo. Aunque a nuestro alrededor se desmorone lo que fingimos ser, porque coexistimos, debemos permanecer impávidos –no porque seamos justos, sino por ser nosotros, y ser nosotros significa no tener nada que ver con esas cosas exteriores que se desmoronan, aunque se desmoronen sobre lo que para ellas somos.
La vida debe ser, para los mejores, un sueño que se niega a cualquier confrontación.

ANTANANARIVO, relato ganador del concurso

18 enero
Érase una vez un anciano que gritaba con peines. Cogía los peines sutilmente, y gritaba. De vez en cuando, también escribía prosa y su nombre era Rogelio. Oía el violín en las mañanas de lunes. Lo oía en la televisión y lo oía en la mesa. Repensaba lo que no había pensado. Cuando caía la tarde, hablaba como un anciano iracundo y soberbio.
- ¡Decrépitos ácaros maléficos! ¡Traedme el postre ya, malditos imbéciles!
Por eso, para escuchar lo que tenía que decir Rogelio, venía Sara cada mañana. Siempre después de los violines. Rogelio sabía que venía Sara por su marcado acento húngaro cuando pisaba los tablones de la escalera.
19 enero
En su diario, que visto desde arriba es rectangular y tiene tapas, reflexionan las letras sobre si habrían de estar las unas con las otras o no. Existen efes en el diario de Rogelio que no se llevan bien con las ues. Cuando las ven acercarse con fuego o enfurecidas, las efes se esconden tras las farolas o simulan que la filogenia entre vocales y consonantes es normal.
Rogelio no es un especialista en semiótica, aunque sus gafas podrían delatarlo, pero sabe que si dos letras no se llevan bien, es mejor mantenerlas alejadas.
Cuando se despide de Sara, se dice a sí mismo que una mañana le dirá lo guapa que está. Y también le dirá que necesita cartón para construir una muralla como la Muralla China. Pero que su muralla será más humilde, y que aunque no se vea desde la Luna, será suya. Y eso es lo que importa.

24 enero
Telesforo murió ayer. No dijo a nadie que se moría. Nadie sabía que se iba a morir. Salvo Rogelio. Más que nada porque estaba vivo. Y como bien dice Rogelio a Pedro, a Máximo y a Esteban: estar vivo implica que todos vamos a morir, la cuestión es cuándo.
Es una pena no tener un funeral de vez en cuando. A mí me gusta que, de vez en cuando, la gente me diga que soy buena persona.
26 enero
El camino que recorre Sara por la casa me perturba. Coge una cosa, la deja. Coge otra cosa, la deja. Y así, etcétera, sucesivamente, ad infinítum, siempre.
Sara me regala unas pastillas de colores. Verdes y azules primero, con zumo. Y luego amarillas. Mal sabor.
Cuando quiero ir a ver a mi abuelo, llamo a Esteban y subimos al monte. Cogemos el camino de la serrería. No nos gusta serrar, por eso dejamos que lo hagan otros. Mi abuelo, por ejemplo, es un hombre que tiene mucha fuerza. Sus brazos son fuertes y su pelo me saluda cuando me ve. Hace chas chas. Algunos días si llueve, o si lleva boina, se calla. Creo que es cuando está enfadado. El pelo de mi abuelo.
Sara no conoce a mi abuelo. Me gustaría que lo conociese. Mañana, si me acuerdo, le hablaré de la serrería y de los brazos de mi abuelo. Le hablaré de Telesforo, cuando estaba vivo.
Mañana
No sé que día es hoy. Sé que esta enfermedad me está devorando. Es insoportable. Por más que intento saber qué he de hacer hoy, o como se llama la chica que viene a limpiar la casa, no soy capaz.
Se me está olvidando la cara de Rosa. Es insoportable.
9 febrero
Me he despertado en mitad de la noche y llovía blanco.
Es bonito.
Sara me ha sonreído como nunca. Y su sonrisa me ha cautivado. Me ha recordado a una chica de mi pueblo de la que estuve enamorado y a la que nunca llegué a decir nada.
Pensé en acercarme a ella un día de finales de verano. Cuando me decidí a ir a buscarla a su casa, su tía me dijo que se había marchado con sus padres a la ciudad para siempre. Para no volver.
- Sara, tu sonrisa me recuerda…
14 febrero
Ayer salí a la calle. Cogí un albornoz para apoyarme y de camino al armario conocí a las gemelas Katiuskas, unas señoritas de goma.
En la calle, toqué a un perro intrínseco. Se acercó a mí, y mi olor a muerte lo ahuyentó. Pobre.
Los niños son graciosos. Me gusta verlos, con sus trajes de inocencia y de maldad extrema. Son anarquistas pacíficos. Creo que he de escribir sobre ello.
También hablé con el quiosquero. Me dijo que el mundo cada vez está peor. Yo sé que es mentira. Hace ciento cincuenta años los niños en Inglaterra cavaban en minas de carbón y ahora me sonríen y me hablan de cosas incomprensibles.
Ayer por la noche encontré una nota en mi abrigo. Reconocí mi letra, le dije Hola, ponía: la anarquía de los niños.
- ¡Y que se ría Bakunin en la estantería de mi salón! ¡Y Kropotkin también! ¡Que se rían mientras puedan vivir en lo alto del estante! ¡Que se rían!
No debería existir el polvo acumulado. Confiere a los libros un prestigio que sólo unos pocos merecen.
14 febrero
Aunque sé que hoy ya es mañana y que el día de ayer no es el mismo que el de hoy, para mí sí. Sólo veo las semanas como el paso del tiempo que me queda. Me siento vacío. Siento que no soy capaz de mirar hacia atrás y ver nada de lo que he hecho. Me cuentan mis hijas, cuando por ventura aparecen por aquí, cosas que no recuerdo haber hecho. Les miro a la cara, y no me transmiten nada. Ningún sentimiento. Sé que son mis hijas porque siguen viniendo, pero no asimilo su rostro en mi mente. Me siento aislado de mí mismo. Me paso horas intentando recordar. Cada vez menos. Cada vez peor. Me siento débil.
Echo de menos a mi esposa. Hoy se cumplen seis años de su muerte. Eso sí que lo recuerdo. Hizo mucho sol. Pobre Rosa.
29 febrero
Bisiesto es una palabra esperpéntica. Se ríe de mí. Dice que hoy no existe.
37 febrero
Hoy he estado en Funafuti comiendo fresas radiactivas. He estado con mi mujer. Había un pequeño barco que me recordaba a las góndolas venecianas, pero no tenía remo. Un señor me llamaba Adolfo, no sé por qué la verdad.
Yo le decía, ¿Por qué me llama Adolfo?
Y él ponía cara de bobo. Así que lo dejé pasar y dimos una vuelta en barco. Cuando atracamos en Antananarivo ayudé a mi esposa a bajarse y le di un beso de tornillo, como en las películas de Gary Cooper. Y así estuvimos mil doscientos seis segundos, como mínimo. Porque como máximo, me convertí en rey de Madagascar y conquisté parte de los mares del sur.

Este señor de blanco se parece a Esteban, aunque dice que se llama Tomás. Creo que es una broma de Sara. Yo hago como si no me diese cuenta. También hay a mi lado un señor muy viejo que apenas habla. Debe tener hambre porque echa babas. ¡Y no es un caracol!
Antes una chica me dijo que mañana tocaría el violín para mí. Y muy agradecido dije:
- Gracias.
Es simpático el color de los jerséis. Máximo, verde botella. Esteban, verde vaso. Tomás, verde vino. Sara, verde prosopopeya.
Antes de que me quedara dormido, Tomás me sacó tubos de dentro y se despidió:
- Descansa, Rogelio.
- Hasta mañana, Tomás.


Ante el vasto cielo estrellado y el enigma de muchas almas,
la noche del abismo incógnito y el caos de no comprender nada
.”
Fernando Pessoa (Libro del desasosiego)

jueves, diciembre 15, 2005

El ojo

Circunferencia perfecta que refleja sin razón,
Causa entrañable de dos
Lo que no quería verse, y lo que nunca se vio.
Almendrado algunas veces y tendente al marrón,
Son las ojivas del ente,
que algunas veces soy yo.

Por lo pronto

Por lo pronto me hallo sumido en el abismo
Que es mirar hacia dentro con las pupilas de fuera,
Infiltrando por las rocas, piedras, calcios y magnesios,
Las miradas que a lo lejos, gritaban nombres opacos.
En la ignominia de verse hallo el vacío del ojo.

La tercera rodilla

Presagio de mala muerte sostenido en brazos.
Pascua de Resurrección, amalgamado.
Cruces, lanzas, atropellos, diatribas sin sentido.
Coces de asnos opacos sobre vientres amarillos.
Luces sombrías en tardes de desvarío.
Para escribir con las manos, se ha de pensar cada letra.
Me duelen mis precipitaciones.
Asumo mi fatiga.
Termino.

Dejar de ser

Para cuando descubran mi cadáver ya estaré vivo.
El niño deja escullar su helado por entre los bordes de sus nudillos.
Nadie me mira, y sigo cayendo.
Vuelvo. Regreso. Miento.
Si volviera a vivir, me suicidaría de nuevo.
Hasta conseguir ser como una de esas supernovas,
O como un compás o un lapicero que implotan.
Así dejaré de ser yo de una maldita vez.

Guillotina

La multitud de los vivos se cierne sobre las casas,
dentro viven, tienen hijos, y cocinan sus viandas.
Las guillotinas les sirven para trocear la carne,
que dura crece hacia arriba,
sobre eso que llaman cuello.

Dicen

Dicen los niños que en el árbol de abajo un hombre se ha ahorcado.
No deberían hablar así los niños.
Dicen los hombres que hay un cadáver que yace por ahí, que habría que enterrarlo.
No es habitual que los hombres hablen así.
Las mujeres mientras tanto, permanecen calladas.

Objetos

En circunstancias adversas existen cosas,
Otras veces son dibujos, o simples fotografías.
Para quedarse uno a solas, son alfombras o moquetas,
Si lo miras desde arriba, incapacitadas mesas,
Esperan que nos muramos para sujetar,
Lo poco que valemos
Y el peso de nuestras calaveras.

Circunspecto

Hoy no quise levantarme (de la cama),
Preferí morir despacio cobijado en ésa sábana
Que siempre me trata mal y huele a guerras pasadas.
Hoy no quise levantarme (de la vida),
Me dije Por qué motivo habría de darme prisa
Más tarde, mirando al techo, masturbé cuatro camisas.
Y por lo pronto te digo,
que hoy luce un sol que presagia muerte.

Modelo heliocéntrico

En la oscuridad de ti encuentro cavilaciones,
Que son emanaciones, de lo profuso de dentro,
Meras tribulaciones del que escribe sin talento,
Me cansas cuando te escribo,
Soy el foco poco nítido de una elipse muy abierta.
Llámame Sol.

Razón (al estilo español)

Lo mío, mío.
No.
¿Oír?
Digamos que escucho,
Digamos que miro,
Entiendo pero…
No te comprendo.
(o no quiero comprender).
Así ha de ser.

Razón (al estilo francés)

La razón
Existencia plana del tedio,
Disgusto de dos,
Números pares sumados,
Veloces disertaciones y
Ninguna verdad
Absoluta.

Mare tranquilitatis

Eres un mar vacío de agua que, congelado, oscila
entre el voy y el vengo, entre la ola y la cresta.
Por los caminos de tu imposibilidad, naufragan barcos,
carabelas que un día llegarán a puerto, pero que
hoy serán guiñapos arrastrados en el reflejo de una luna muerta.

Si cayeras

Si cayeras por la torre de las almenas afiladas,
Las nubes se romperían en mil pedazos,
Para calmar con su intriga los gritos,
Que de tu boca salen desconsolados.

Amar

Amar es sonreír despacio cuando no miras.
Dices una cosa y te la crees de veras,
Porque eres el pasillo de tu enajenación.
Cuando te asomas, lo haces a regañadientes,
Tienes miedo y no te das cuenta de que vas a morir.
El truco de los enamorados, es saberse en posesión
De la Gran Verdad.

Acaricias

En lo pronto hallo lo súbito
Que es destemplanza,
Acaricias con mimo las hojas de los geranios,
No sé si con ello buscas su amistad,
O parecer importante ante la mirada de lo infinito.

Iconos

En el merecimiento de sus elogios encuentro idolatría,
Es el mecanismo de entonces para con lo de ahora.
Que no busquen más allá de lo que expreso,
Y que sepan que no encontrarán algo, más acá de lo que
Escribo.

Es

Es el reloj el que acompaña mi mano,
Quien sujeta por mi muñeca las vestiduras,
Quien hace tambalearse a los matojos, es el
Viento
Es la sonrisa lo que me entristece,
Porque sé que no es, y sigue siendo,
Porque palpita con un bramido
Sordo
Es lo que siempre me aturde y ahora me pesa,
La sobriedad de lo débil,
El desaliento que nos acucia cuando no vemos
Nada.

domingo, diciembre 04, 2005

Lo sabía

Él dijo que lo sabía, que desde un principio sabía que todo era mentira. Dijo que los trabajos que tenía eran una tapadera, que sabía que aún habiéndose acostado con varios tipos, le seguía queriendo a él. Y no quiso decir nada más.

Había silencio, y para quitar las nubes de su vista, hizo que se hiciera de noche. Cuando hablaba con Jurgen le repetía a menudo lo mismo, Mantén los pies separados o te mearás encima. Jamás nadie me dio un consejo tan perfecto.

Él dijo: he de recapacitar. Y dos segundos después su cuerpo era una masa sanguinolenta que rezumaba sangre, mocos y vísceras, manchando el suelo de la calle. Añadió: sólo siento asco.

Por qué su historia va a ser diferente a la mía. Yo no me siento mejor que él. No creo ni siquiera que sea igual. Él escribía, su vida merecía la pena, ¿no? Me pregunto por qué un tío mejor que yo empieza así. Lo peor es que si permanezco en esta idea, la pregunta dejará de tener sentido muy pronto.

Él dijo: La vida te demuestra que no tiene sentido.

Él escribió: cuando la tormenta pase, quedarán restos de nubes, insignificantes sí, pero partes al fin y al cabo de la muerte que fue, y que inevitablemente, volverá a ser.

Cuando viaje a Surinam y vea caimanes, podré decir Yo los vi. Su forma es alargada y poseen una hilera de dientes con los que destrozan el cuerpo de otros animales. Y probablemente me sobrecoja y añada que es un espectáculo atroz y extraño.

Él escribió: los dogones saben de la existencia de Sirio B desde hace milenios. Parece imposible creer esto sabiendo que Sirio B es una enana blanca que no se ve a simple vista.

Él escribió: viviré muy poco como para buscar demasiadas explicaciones a esto.

Cuando se mete al agua, se remanga las perneras.

Para comer, saluda con la mano derecha y completa crucigramas con una caligrafía perfecta. Tiene temor a las grietas porque cree que se va a quedar atrapado, y el agua va a congelarse de tal forma que el hielo le va a destrozar las extremidades.

Así es como él se fue. Adiós, dijo